El exilio de muchos no es una ubicación geográfica; es un estado mental de desconcierto.
El Premio Nobel de la Paz este año 2025, se alzó sobre Oslo. El mundo esperaba un drama de ambición personal. Lo que obtuvieron fue una lección de dignidad.
“La verdad, como la literatura, suele esconderse en los márgenes.”
Ahí estuvo la clave. El Nobel de la paz de este año 2025 no premiaba solo intenciones, sino una forma de mirar, de un silencio incomodo como las calles de Venezuela. Como en las mejores novelas de misterio, la respuesta siempre había estado frente a nosotros, esperando a que alguien se tomara el tiempo de unir los puntos y esos silencios de la represión.
María Corina nunca buscó ese premio para sí. Yo lo sé. Su mirada, siempre fija en el horizonte irrenunciable de la libertad, no tiene espacio para el ego. Ella veía el Nobel como una llave maestra; no para su ascenso sino para la apertura de las puertas de las cárceles, para la exhumación de la verdad y para un cambio en la política mundial en la que no caben las injusticias sociales de aquellos que deciden ser dictadores y corruptos o criminales .
Ella lo manifestó sin adornos, con la certeza de quien lleva el peso de la historia en los hombros.
«El verdadero premio de la paz no puede ser entregado a un individuo; debe ser una solemne ofrenda a la sangre de los venezolanos que han caído por la democracia. El premio debe ir a los que ya no pueden hablar.»
El verdadero problema no era ser premiada si no como hacer para recibirlo.
¿Cómo atraviesa una persona marcada como enemiga pública por el estado tres mil millas de territorio?
Ella optó por la ruta terrestre como en la antigüedad . Una travesía de horas por caminos secundarios, con la ayuda de una red de contactos locales e internacionales cuya lealtad no se compra con divisas, sino con la promesa de la libertad. Una operación logística que requería una precisión horaria que haría sonrojar a un relojero suizo.
Quien la conoce sabe que ella no permitiría la negociación de la deuda de la memoria, y como decía su hija al recibir el Nobel por su madre: “Ella nunca rompe una promesa”.
Maria Corina es la dama de hierro así le llaman por su valentía indomable, aunque yo la describiría como una luchadora ,una gladiadora del siglo XXI , se trajo el dolor de un país pero también la esperanza de justicia consigo a Europa en un altar con los nombres de los jóvenes asesinados, de los torturados, de los desaparecidos, de los que respiran el aire viciado de las cárceles venezolanas, los sueños de aquellos niños menores que han perdido la vida e incluso se trajo el grito del dolor y desesperación de unos padres que no encuentran a sus hijos ya que están en cárceles como el helicoide un sitio similar a las mazmorras de tortura . Si, se lo trajo todo consigo el espíritu y el dolor de un pueblo, para reclamar no una medalla si no justicia ante el mundo y a la corte penal internacional que parece mirar para otros lados en vez de hacer su trabajo .
Ella, representante símbolo de unión y paz, exigía que el premio Nobel de la Paz se convirtiera en un acto de desagravio. Que el oro y el prestigio del galardón fueran una transferencia de honor hacia esos héroes anónimos cuyo sacrificio ha sido la única luz en la oscuridad venezolana.
Su victoria no es solo un triunfo personal, sino la restauración del respeto por Venezuela y un homenaje a los caídos en la lucha pacífica de esos ángeles, que están guiando el proceso y cuidando a Maria corina que la llevaran hasta el final de la dictadura en venezuela .Los espíritus no prometen victorias. Solo acompañan Cómo acompaña la historia a quienes deciden caminar sin atajos y con un país .
El Nobel es el certificado de que la tiranía y la indiferencia nunca podrá vencer la dignidad.»El resto pertenece al país y a la memoria que nunca se olvida. Con este gran reconocimiento, se honra y escribe la historia de quienes dieron su vida por la libertad de Venezuela.»

Neymir torres .