MADRUGADA Nº 57: Algo Me Sigue en Madrid

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Plaza colón 2025 - MADRID SPAIN

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Por Neymir Torres

No sé si es cosa mía o de Madrid, pero últimamente siento que la ciudad me está hablando. O tal vez susurrando. O quizá soy yo escuchando demasiado, que tampoco lo descarto. Vivir aquí te vuelve atenta, casi detectivesca, como si cada calle tuviera un modo secreto que solo se activa cuando pasas sola, con los auriculares puestos y las manos enterradas en los bolsillos.

Anoche tuve que salir a caminar, porque quedarse en casa me estaba dando más miedo que la calle. Mi casa estaba demasiado silenciosa, una de esas noches en que todo está ordenado como si alguien hubiera pasado revisándolo mientras yo no estaba. No encontré nada fuera de sitio, y esa es justamente la clase de detalle que te hace sospechar.

Madrid, en cambio, estaba alucinante como siempre.

La Gran Vía no solo brillaba, había algo en las luces que parecía más… deliberado. Como si la ciudad quisiera asegurarse de que no me perdiera ni un detalle.

Y ahí estaba yo, jugando a ser una detective, sin gabardina ni pipa, pero con un móvil al 5% y el paso rápido de quien presiente que alguien la observa. A veces creo que Madrid y yo compartimos un pacto silencioso: ella me da historias y yo finjo que solo soy una escritora y admiradora más. Pero no lo soy. Nadie lo es en esta ciudad.

🔍 El Flashback de Colón: La Mirada Desesperada

A lo lejos, mientras paseaba por la Plaza de Colón, sentí la mirada de una mujer; esa mirada desesperada de quien busca complicidad. No pude evitar que me trajera a la memoria una noche de fiesta en la misma calle.

Salía de una de esas discos elitistas, furiosa después de discutir acaloradamente con mi pareja de aquel entonces. Acababa de llegar a Madrid, y la noche transcurrió con relativa normalidad hasta que un comentario malintencionado me jodió la noche. En esta ciudad, siempre se sabe cómo empieza, pero no cómo va a acabar.

Mientras caminaba hacia el coche, enfurecida, me crucé con un grupo de despedida de solteros. Me vieron caminar y llorar, mientras mi pareja me perseguía desde la acera de enfrente. Estaba cabreada porque había salido corriendo de manera imprevista, dejándole atrás, y al salir, lo vi charlando con una chica. Salí sin pensarlo y me dirigí sola al coche, fuera de mí.

Él venía tras de mí, y sin embargo, un chico joven con pintas humildes me detuvo. Me dijo: «¿Dónde vas sola? Yo te cuido». Sentí miedo, menos mal que mi pareja venía siguiéndome, a pesar de mi gran enfado.

💣 El Incidente del «Bombón Podrido»

En el trayecto hacia el coche, por las calles de Recoletos, uno de los barrios más nobles de la ciudad, un grupo de chavales me gritó: «¿Por qué lloras? Si eres un bombón«. Supongo que sería por mi melena rubia y mis ojos verdes.

Le dijeron a él, que venía detrás discutiendo, que debía amarme, no hacerme llorar si era un bombón.

Él contestó gritando: «¡Bombón envenenado! ¡Bombón podrido!»

A lo cual, no pudieron evitar reírse.

Oh my god, dije entre mis labios. Jamás pude olvidar esa noche. Yo creo que es la prueba irresistible de que en las noches por Madrid, cualquier cosa es posible. Llegamos al coche y a casa; la noche terminó.

🌅 El Epílogo de la Supervivencia

No sé por qué, pero sentí que la mujer de Colón me conocía. O que quería conocerme. Parpadeé, y había desaparecido.

Seguí caminando. El aire estaba frío, pero no tanto como para justificar el escalofrío que se me metió por la espalda. A veces pienso que la ciudad tiene memoria, que observa, que guarda. Que escucha lo que digo cuando creo que estoy sola. Que escribe conmigo.

Llegué a casa pasada la una. Revisé dos veces la cerradura.

No por paranoia.

Por supervivencia.

Y antes de dormir, lo admito, me asomé a la ventana: la calle estaba vacía… pero juraría que alguien acababa de doblar la esquina, demasiado deprisa.

Madrid nunca duerme, pero sí te deja grandes historias. A veces, creo que me vigila. Y lo peor es que, de alguna manera, te gusta, te encanta, y cuando te das cuenta ya estás enganchada.

Neymir Torres.

 

 

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